Y ahí me encontraba ya, sentada frente al piano, de una manera solemne, casi melancólica. Solo viendo las teclas, improvisando con sonidos. Viendo lo que seria de juntar las dos notas en un acorde, que nunca antes habían sido juntadas.
Y bueno, francamente pensaba en ti. Pensaba en ti y dibujaba en el silencio todo lo que sentía por ti. Dibujaba circulo y esquinas, espirales y líneas finales. Me encontré con muchos comas, pero ningún punto. Muchos silencios, pero ningún fin a lo que pasaba entre tu y yo. Me encontré tocando dos notas juntas que, como decía, nadie había juntado en un solo acorde. Se trataba de un sol bastante satisfecho y su sostenido, quien no se sentía completo en lo mas mínimo. Quien siempre sentí que algo que faltaba. Quien no sabia si ser el menos de un la, o el mas del propio sol. Pero bueno, llegue yo. Y de alguna manera al expresar el tu y yo, logre darle un sentir al bello sostenido. Junte las dos notas que nadie había escuchado juntas antes. Y claro, había una razón para eso. No sonaba bien ni en lo mas mínimo juntos, pero tal como tu e yo no nos vemos bien, ellos no sonaban bien. Pero tal como tu y yo de todos modos somos perfectos juntos, ellos completaron la canción de mi vida y me ayudaron a expresar el tu y yo en una canción. A veces lo único que necesitamos es un poco de anomalía para algo tan ridículamente perfecto.
No comments:
Post a Comment